viernes, 18 de enero de 2013

Como esmeraldas rescatadas del mar II

"Era primavera.[...]Estaba absorta en su afán, mientras los recuerdos la invadían. Cerró los ojos..."

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COMO ESMERALDAS RESCATADAS DEL MAR

II



   Parecía el mar un liso espejo que en la negra noche reflejaba el cuarto menguante del astro lunar. Ni un atisbo de nubes, todo despejado en la brillante oscuridad. Apenas un imperceptible aire del poniente soplaba sobre las aguas. Era invierno, y la humedad le atenazaba los huesos, calándola hasta lo más hondo de su ser. Apenas podía contener su cuerpo para evitar que éste se abandonase al temblor incontrolado del tiritar. Acurrucada contra la pared de madera, al lado de los escalones que daban acceso a la parte superior del muelle, se abrazaba en un desesperado intento por ahuyentar el horrible frío.

   No pensaba abandonar, aún no. Todavía no era medianoche, aún podía llegar. Durante toda la noche y todo el día anteriores había estado aguardando sobre el viejo muelle. Era el solsticio, y cabía mantener la esperanza. Estaba convencida de que al final llegaría, tan sólo tenía que aguantar un poco más, sólo un poco más, pensaba mientras se levantaba a duras penas y se encaminaba hacia el borde de las tablas para observar de nuevo el horizonte... De pronto, un centelleante calor la invadió. La piel, adormecida ya por el tenaz helor, se despertó, erizándose el vello. La cálida y agradable sensación al tacto de los brazos que la rodeaban desde atrás por la cintura la reconfortó. El frío desapareció mientras él la besaba por el cuello, la oreja y la mejilla. Al tiempo que se daba la vuelta lentamente, no podía ocultar la cada vez más amplia sonrisa que delataba la felicidad que sentía. Lo miró a los ojos, grandes y verdes como los suyos, los cuales se encontraban al borde de las lágrimas, consecuencia de la emoción que la embargaba.

-          Has venido –apenas le salían las palabras de la boca-. Lo sabía, sabía que vendrías. Te he estado esperando noche y día, y por fin estás aquí. Sabía que no me fallarías -prosiguió, entre la sonrisa y el llanto.

   Él posó el dedo índice sobre sus labios, acallándola un instante. Labios que no dejaba de mirar y, lentamente al principio, y en un acelerón final, se abalanzó sobre ellos, besándolos apasionadamente. Ella se estremeció, y no de frío. Hacía tanto que no sentía su calor, llevaba tanto tiempo esperando ese beso…

-          Está helada, no pienso tirarme –se quejó ella ante lo que le proponía.
-          Confía en mí –respondió él, levantando  media sonrisa, esa media sonrisa que la volvía loca.

   Y, desnudando su torso, el joven se arrojó al agua.

-          Esto no puede ser bueno –suspiró ella y, resignándose a helarse, se lanzó tras él.

   Esperaba que las gélidas aguas se clavaran en su piel como mil agujas pinchándola reiteradamente, pero, por algún extraño motivo, esto no fue así. En su lugar, el agua resultó templada: invitaba a bañarse en ella, nadar y fundirse en la misma. Y eso es precisamente lo que hicieron: nadar, jugar, abrazarse donde llegaban a hacer pie y besarse. Tumbados en la orilla, él sobre ella, se miraron. Él le recitó hermosas palabras de enamorados. Ella sutilmente se insinuaba, le incitaba al amor. Él la poseyó con todo el ímpetu del varón, más la delicadeza del gran amante. Ella se dejó llevar y ambos rodaron por la arena, amándose entre la tierra y el mar, bajo la luz del cuarto menguante…

   El sonido de las gaviotas, cada vez más cercano, la despertó. Medio desnuda sobre la madera, se fue incorporando lentamente. Aún adormecida, escuchaba la melodía del oleaje al romper en la orilla. Contemplaba su movimiento hipnótico mientras vagamente recordaba los momentos vividos en la noche…


Como esmeraldas rescatadas del mar, II parte
Pedro M. Cepedal Flores

4 comentarios:

  1. Me has dejado intrigada!!!
    Se lo ha imaginado ella todo lo que paso anoche,
    verdad?
    Pobrecilla,tendra tantas ganas de verle,que esta empezando a confundir la realidad de la fantasia.

    Porque antes pusiste que el nunca regreso.

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  2. La línea temporal de la narración no es lineal. La clave está en las estaciones, lo que pasa que al leer el relato por partes es más difícil seguirlo, por eso he puesto esa frase introductoria en esta parte. De todas maneras, al final se aclarará todo... o no. ¡Gracias por tu comentario!

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  3. En el momento del encuentro casi he podido escuchar ese suspiro de alivio. Ella dice haber estado segura de que él vendría, pero nunca se está completamente segura. Por eso resulta un momento tan especial.

    La cuestión es... ¿seguirá él allí al despertar?

    Feliz domingo, monsieur

    Bisous

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    1. Bonsoir, Madame de Méridor, me honra con su visita a ésta, mi destartalada morada; encontrará cosas extrañas, pues sus costumbres no son nuestras costumbres. Me congratula que el relato le haya hecho sentir esa emoción propia de los corazones que laten. No puedo revelarle más secretos todavía; confío en que sabrá esperar. Sólo acépteme dos consejos: atienda a la discontinuidad temporal de la narración, y no se deje llevar por lo que perciban sus sentidos. Este lugar esconde secretos, y puede ser peligroso.

      Atentamente, su amigo

      D.

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