jueves, 24 de enero de 2013

Como esmeraldas rescatadas del mar IV

“Era primavera.[…]Estaba absorta en su afán, mientras los recuerdos la invadían. Cerró los ojos…”

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COMO ESMERALDAS RESCATADAS DEL MAR

IV


   Abrió los ojos. El fuerte viento aullaba mordaz y la zarandeaba violentamente, obligándola a agarrarse a la barandilla, ese viento que había traído sobre la playa negros nubarrones que anunciaban la inminente tempestad. ¿Cuánto tiempo había estado recordando? La repentina oscuridad le impedía calcular la hora; había estado tan absorta en sus pensamientos que no sintió avecinarse el temporal.

   Un centelleante relámpago, seguido de un estruendoso trueno, hicieron de arranque de la tormenta. Sintió miedo, mas no estaba dispuesta a moverse de allí, no sin él. Al volver la vista atrás, pudo distinguir la silueta del pescador, que parecía alentarla desde la orilla para que regresara, pero sus gritos quedaban ahogados entre el ruido de las olas al chocar y el aullido del viento. Una gran ola rompió contra la plataforma; se aferró con todas sus fuerzas a la madera y consiguió mantenerse en su sitio. Un crujido sonó a sus espaldas: parte del puente se había derrumbado. No tenía escapatoria. Presa del pánico, cuando quiso volver la vista al frente una nueva ola, más grande y violenta, la derribó sin piedad. Se zambulló entre las aguas, que la zarandearon con virulencia; la fuerza del mar la emergió por instantes, pudiendo dar una bocanada de aire antes de ser engullida definitivamente…

tempestad-waterhouse
Miranda, La Tempestad, J.W. Waterhouse

   La visión era idílica. Desde la torre más alta del esbelto castillo de marfil, situado sobre un risco que moría en forma de acantilado sobre las aguas, dominaba la vista del pueblo de casas blancas de cal y del océano que se extendía al otro lado. En él pudo distinguir, como si de una estrella fugaz sobre el oscuro firmamento se tratase, el brillo dorado del sol de la tarde al reflejarse sobre un estilizado y blanco bergantín. La emoción la embargó: por fin llegaba a recogerla. Se arremangó los vuelos del blanco vestido y echó a correr, descendiendo primero los pisos del baluarte y después el acantilado por la escalinata tallada en la piedra, hasta llegar a la orilla. Despojándose del vestido, quedando apenas con la ropa interior, se lanzó al agua y nadó, nadó con todas sus fuerzas hasta que llegó al barco, de colores nácar y dorados. Al final de la escalerilla, una mano le tendió ayuda para subir. Era la suya. Miró hacia arriba.

   Allí estaba él, vestido de los mismos colores que dominaban la escena. Nunca lo había vuelto a ver tan radiante desde que comenzara su amor: irradiaba tanta fuerza y belleza, tanta magia… Estaba deslumbrante. Una vez terminó de subir a bordo, siguió mirándolo: era éste el chico del que se enamoró, y con el que había vivido los momentos más preciosos de su vida hasta que, un año atrás, el mar se lo llevara con la venida de la primavera.

-          Has vuelto a por mí, has venido a buscarme –exclamó ella, emocionada-. Creí que ya no volverías –prosiguió-. He tardado en comprenderlo, pero por fin lo entiendo todo… Ahora sé que nuestro destino es estar juntos. Llévame contigo, ¡estoy lista!

   Y se arrojó a sus brazos con ímpetu, como queriendo fundir su cuerpo con el de él, quien la abrazó, acariciándole el pelo tiernamente mientras su calidez lo invadía.

-          Eres tan hermosa… Tus ojos son dorados y verdes, profundos, como dos esmeraldas rescatadas del fondo del océano.
-          Como los tuyos –le respondió sonriente-. Eres tan guapo…

   Se separó él con suavidad y, tomándola de las manos con delicadeza, le explicó:

-          El destino es una fuerza poderosa, pero no lo puede todo. Hoy hace un año que la luna, envidiosa de nuestro amor, me llevó con las mareas, separándome de ti -notó cómo los ojos de ella se ensombrecían al revivir aquel momento-. Aun así, lo que sentimos fue tan grande que me permitió seguir viviendo en tu corazón todo este tiempo e, incluso, poder volver a estar contigo, sentirte en mi piel cada uno de los días en los que las estaciones rotaron durante este año, mas el dolor que te causaba mi recuerdo era tal que cada vez se me hacía más difícil desear volver.
-          Pero…-comenzó a replicar ella, siendo acallada por el dedo índice que él posó sobre sus labios.
-          Realmente fuimos felices, y créeme cuando te digo que jamás me he sentido tan dichoso como en los días que pasé junto a ti. Nuestro destino es estar juntos porque nuestro amor así lo quiso, pero me temo que aún no ha llegado ese momento.

   Le sonrió con dulzura a fin de tranquilizarla, al notar cómo sus desconcertantes palabras la empezaban a inquietar.

-          He venido por ti, pero no para llevarte conmigo, sino a tu lugar. Hoy no será el día en que el mar te lleve consigo; aunque te reclame y proteste con vehemencia, no le concederé su capricho.

   Las lágrimas comenzaron a recorrer el rostro de la joven, adivinando las palabras que vendrían a continuación. “No llores, mi amor” le dijo él, aunque tampoco pudo evitar que los ojos se le cargaran de lágrimas. Haciendo un esfuerzo por controlarse, volvió a sonreír y se despidió:

-          Eres una chica maravillosa. Lograrás cumplir tus metas en la vida y sabrás ser feliz, y yo te ayudaré y acompañaré siempre en tu camino, hasta el día en que vuelva a buscarte en este barco, esa vez sí para estar juntos por siempre. Hasta entonces, si alguna vez te sientes perdida o sola, acércate a la playa, escucha las palabras de la brisa del mar y siente su espuma en tu piel, pues yo estaré en ellas. Siempre velaré por ti.
-          Eres el amor de mi vida.

   Y lo besó. Lo besó con toda su alma, lo besó poniendo cada esencia de su ser en ese beso, por tratar de transmitirle todo lo indescriptible que sentía por él. Al separar sus labios, fijó la vista en sus ojos, mientras los ecos de un “te amo” retumbaban cada vez más lejanos en sus oídos, siendo sustituidos lentamente por unos sonoros:

-          ¡Muchacha!¡Muchacha! –gritaba el viejo pescador, agitándola enérgicamente de los hombros.

   Ella continuó con la mirada perdida en sus ojos, hasta que lentamente fue retomando el conocimiento. Se hallaba en la playa de siempre. El temporal había pasado y el sol luchaba por asomarse entre las altas y claras nubes. El anciano exclamó:

-          ¡Ah, viejo lobo de mar! Pensé que no lo contarías. Es extraño, el mar no suele renunciar a sus presas, pero a ti te ha devuelto sana y salva. Es un verdadero milagro, muchacha: eres realmente afortunada. Pude sacarte del agua cuando las olas acercaron un poco tu cuerpo a la orilla y, aun así, no fue tarea fácil –sonrió mientras se ponía en pie torpemente-. Bueno, he de irme. Te aconsejo que vuelvas a casa y te recuperes; ya nos volveremos a ver….algún día.

   Y se marchó por la orilla, tarareando una vieja tonada marinera. Ella, aún turbada por tantas emociones, no logró responder. Él la amaba tanto, la había salvado… pero, entonces, ¿cómo iba a haberla rescatado el viejo de la tempestad? De pronto, como una flecha, la inspiración atravesó su aturdida mente. Se giró rápidamente para llamar al pescador, pero éste había desaparecido por completo. No podía parar de pensar en sus ojos. “Verdes y profundos, como los suyos” se dijo. Notó entonces en su bolsillo algo que se movía y, al hurgar con la mano, extrajo de él, estupefacta, dos pequeñas piedras preciosas. “Como dos esmeraldas rescatadas del mar”. Sonrió. Lo amaba. Lo amaría siempre. Despacio, se levantó y echó a andar tranquilamente, escuchando la brisa marina, sintiendo la espuma en su piel.


FIN


Como esmeraldas rescatadas del mar, IV parte
Pedro M. Cepedal Flores

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Velero llegando a puerto, J.M.W. Turner

6 comentarios:

  1. Tu relato posee mucha magia, sigue escribiendo así. Me ha gustado mucho. Preciosas imágenes. Un saludo.

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    1. La verdad es que estos cuadros venían que ni pintados (nunca mejor dicho) para ilustrar la parte final del relato. Me alegra mucho que te haya gustado, y te agradezco tus palabras: que te parezca mágico me llena de felicidad y me anima a seguir escribiendo.

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  2. Qué preciosidad! Cuánto romanticismo y delicadeza hay en tu relato. Me ha emocionado. Y según iba leyendo, tal parecía que describías el cuadro. Ya lo creo que los cuadros venían que ni pintados.

    Enhorabuena, monsieur!

    Buenas noches

    Bisous

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    1. Muchas gracias por sus palabras, Madame, me alegro que le haya gustado tanto. A ver si con suerte llegan mis letras a oídos/ojos de la Reina y son de su agrado. Un cordial saludo.

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  3. Gracias. Sutilísimo y emocionante texto. Un gran abrazo desde Madrid.

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    1. Muchísimas gracias por pasarse por este lugar y comentar. Me alegro de que le haya gustado y espero que desee repetir visita. Un cordial saludo desde Málaga.

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