domingo, 31 de marzo de 2013

Haiku


“El haiku, el bonsái de la literatura”
                    
   Surgido a finales del s.XVI o comienzos del s.XVII, el haikai es un poema breve que se compone del primer terceto estructural del tanka, esto es, diecisiete sílabas repartidas en tres versos de 5-7-5 sílabas y que supone, con su término moderno ‘haiku’, el más famoso exponente de la poesía japonesa en todo el mundo y una de las señas de identidad de la cultura nipona en general de cara al exterior. Ha sido traducido y practicado en numerosas lenguas y por numerosos poetas occidentales, como es el caso de Mario Benedetti.

Los hombres odian,
presumen, sueñan… pero
las aves vuelan.      

Mario Benedetti


bashoo
Matsuo Bashoo (1644-1694)

   No obstante, esta masificación del haiku ha conllevado también la proliferación del ‘jaiku’, el haikai adulterado o, mejor explicado, poemas que pretenden ser haiku pero que no respetan la rígida estructura formal de esta composición ni sus elementos y principios identificadores. Los dos elementos fundamentales del haikai clásico son, en primer lugar, el kigo –“palabra estacional”-, como evocador de la estación del año en la que se escribe el poema, lo cual, entiendo, le confiere un determinado tono y modo de sentir; en segundo lugar, kireji –“cesura”-, que divide el poema en dos partes y sirve como pausa, dada la inexistencia de signos de puntuación en el japonés antiguo; por ello, obviar este elemento a la hora de componer estos poemas en idiomas derivados del latín o germánicos suele hacerse necesario. Principios como los de fragancia, resonancia y reflejo son algunos de los que acompañan a este arte poético, los cuales dan una sensación de impresionismo que hizo las delicias de los artistas occidentales durante la primera oleada de “japonismo” o fiebre por Japón a finales del s.XIX, según nos cuenta el profesor Carlos Rubio‘El Pájaro y la Flor’-.

   Matsuo Bashoo (1644-1694) es el gran maestro del haikai y uno de los dos considerados poetas más grandes de la historia de Japón junto a Hitomaro. Otros maestros de este arte poético son Shiki, Buson o, uno cuyos poemas me atraen especialmente, Issa Kobayashi. A continuación, una breve selección de estos “bonsáis poéticos”:



Pintura por Hiroaki Takahashi

El viejo estanque.
Se zambulle una rana.
Ruido de agua.
                           

Poco le importan
las flores de cerezo
al viejo roble.


Tregua de vidrio:
el son de la cigarra
taladra rocas.


En el camino,
enfermos, por páramos
mis sueños andan.

Matsuo Bashoo


chikanobu-toyohara
Pintura por Chikanobu Toyohara
Posada en la armadura
 del guerrero en acecho,
 la mariposa.

Buson (1716-1783)


Sobreviviendo.
Sobreviviendo a todos…
¡Ah, el frío!


En mi ausencia,
divertíos haciendo el amor,
moscas de mi choza.


En nuestro país,
también la hierba crece
junto al cerezo.

Issa (1763-1827)

   Concluyo así esta serie de entradas dedicadas a la poesía japonesa, una manera de entender la poesía que me fascina y que ha provocado que, al acercarme más a ella, se despierte mi deseo por practicarla e intentar asimilar y sintetizar sus valores, sin duda un ejercicio gratamente enriquecedor que abre nuevos horizontes y perspectivas en mi manera de hacer poesía. Espero que hayáis disfrutado tanto como yo en este breve recorrido por el waka: para mí ha sido un placer darlo mínimamente a conocer para aquellos muchos que aún no han tenido la fortuna de acercarse a él. A pesar de ello, me ha faltado mucho por mostrar y gran cantidad de geniales poemas que ofrecer, por lo que no es de extrañar que vuelvan a crecer las flores de cerezo por estos lares…

gihachiro-okuyama
Pintura por Gihachiro Okuyama
(NOTA: en breve serán añadidos todos los poemas de esta serie de entradas a la sección 'Célebres Poemas', así como las ilustraciones a la 'Galería de Arte')


viernes, 29 de marzo de 2013

El juego de lo oculto


“La poesía de Japón tiene su semilla en el corazón humano, donde germina hasta crecer en las hojas de las innumerables palabras”

   La poesía japonesa no es una luz que todo lo ilumina, sino más bien un juego de luces y sombras que, en lugar de decir abiertamente, insinúa. No revela lo que se esconde detrás del velo, sino que se conforma con advertir acerca de que tras ese velo se oculta algo; sugiere, de manera sutil, las formas de lo oculto. Es el carácter evocador de la poesía japonesa, el cual debemos asimilar para no caer en el error de ver estos poemas como meras pinceladas de bellas ilustraciones de paisajes sin mayor trascendencia. El poeta japonés evoca, le canta a la naturaleza, el entorno físico que le rodea –hay que destacar la enorme sensibilidad que los japoneses poseen con respecto a este entorno, en comparación con nosotros, los occidentales- y en el cual, de manera fugaz pero perceptible, quedan impresos rasgos de su sentir, del sentimiento humano.


hiroaki-takahashi
Árbol y Fuji, por Hiroaki Takahashi
El invierno atrás,
la primavera florece.
Antes callados,
los pájaros ya trinan.
Antes cerradas,
las flores ya se abren.
Y el monte, espeso
y tan impenetrable
por la maleza
que las flores esconde.
Pero los montes de otoño…
¡ah, sus hojas que vemos
de rojo teñidas
y queremos tocar
pensando que antes verdes
estaban en la rama!
Por ese sólo anhelo,
los montes de otoño yo prefiero.

La princesa Nukata (s.VII)
Manyooshuu


   La asimetría y la brevedad son dos de los rasgos elementales del waka, carente de elementos prosódicos recurrentes en la poesía occidental como el ritmo –debido a la escasa acentuación de la lengua nipona- o la rima –considerada como malsonante por ser demasiado fácil de alcanzar en este idioma-. El primero responde al gusto japonés por los números impares, por entenderlos perfectos, y que se refleja en el número de versos de las estrofas (tres o cinco) y en el número de sílabas de los mismos (pentasílabos o heptasílabos); el segundo lo hace a la búsqueda de lograr expresar el máximo posible en el mínimo espacio disponible, algo frecuento en todos los aspectos de la cultura japonesa. La sencillez, manifestada en la escasez de adjetivos empleados, es otro elemento definidor de la poesía japonesa.

hiroshi-yoshida
Pintura por Hiroshi Yoshida

   Quiero destacar dos valores estéticos de la poesía japonesa, surgidos a finales del s.XIII, que me atraen poderosamente: wabi y sabi. El wabi es “una pobreza calladamente dichosa, un anonimato feliz” (palabras de Carlos Rubio en ‘El pájaro y la flor’): supone encontrar la dicha en la austeridad, en permanecer en el margen, sin destacar, idea probablemente extrapolada de la concepción de inanidad de la vida propia del budismo zen. La ceremonia del té es uno de sus símbolos.


¿Qué caminante
se para en primavera
a ver el campo?    
Pero allí escondidas,
¡cuántas flores sin nombre!

Sen no Rikyu (1522-1591)


   El sabi es encontrar la belleza y la desolación en la soledad. El paso del tiempo, la desecación, la oscuridad o la tosquedad son algunos de sus temas predilectos.

Bakufu Ono
Pintura por Bakufu Ono

En el crepúsculo,
cuando el viento de otoño
el cuerpo penetra,
oigo a las codornices
cantar en Fukukusa.


Despierto esta noche
por los zumbidos del viento
y en soledad…
cantan las grullas en la marisma
y la escarcha cubre la tierra.

Fujiwara no Shunzei (1140-1204)





lunes, 25 de marzo de 2013

El Pájaro y la Flor



“Ni todo es ‘haiku’ en la poesía de Japón, ni todo es Murakami o Mishima en su prosa”


pajaro-flor-poesia-japonesa-carlos-rubio
'El pájaro y la flor: mil quinientos años
 de poesía clásica japonesa'
(Alianza Editorial)
   Con esta contundente aclaración abre el profesor Carlos Rubio la introducción a su antología ‘El pájaro y la flor: mil quinientos años de poesía clásica japonesa’ (Alianza Editorial), una auténtica maravilla de trabajo que nos sumerge en las profundidades del sentimiento y del pensar de los grandes poetas japoneses que a lo largo de más de quince siglos han ido conformando el arte de una poesía singular en el mundo. Es mi intención, a lo largo de las próximas entradas –siguiendo ‘El pájaro y la flor’ a modo de guía-, ofrecer una breve muestra de lo que es esta poesía. En esta primera entrega, creo apropiado repasar sucintamente la evolución de la poesía japonesa a lo largo del tiempo y analizar cuáles son sus formas poéticas principales, dejando para las siguientes entradas al análisis de cuáles son los elementos característicos de la poesía japonesa y cómo se ha de entender la misma.

   Resulta curioso cómo las compilaciones o antologías poéticas son las encargadas de marcar el devenir y la tendencia en la poesía para los siglos siguientes, por lo que sirven de ficticio biombo que separa los períodos de la poesía japonesa, el waka –literalmente “poesía o canción en japonés”-, hecho insólito en la poesía de otros lugares.

   El waka nació en los albores de la cultura japonesa, allá por el siglo V de nuestra era; ofrecía una variedad de temas, estilos y formas poéticas que desaparecería en períodos posteriores. Muchos poemas de esta época se recogieron en el ‘Kojiki’ (finales del s.VII) y el ‘Manyooshuu’ (finales del s.VIII).


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Paisaje, Sesshu Toyo
¡Ah, mi Yamato!
Tus montes en cadena,
cuales verdes vallas,
te guardan como a un nido.
¡Yamato hermoso!

Anónimo
Kojiki


Tan invisible
como el lirio estrellado
entre altas hierbas
así es este amor mío
que él ignora y yo sufro.

La dama Otomo no Sakanoue (700-750)
Manyooshuu


   La influencia del kanshi o poesía en chino oprimió y marginó la extensión del waka durante mucho tiempo. Al ser el kanshi un arte reservado a los hombres, fueron las mujeres cortesanas, analfabetas, quienes idearon un lenguaje propio de sencillos fonogramas (kana) simplificando los complejos ideogramas chinos (kanji) y desarrollaron la poesía en su lengua autóctona hasta que, a comienzos del s.X, se publica el ‘Kokinshuu’ compilación de mil ciento once poemas en waka encargada por orden imperial, la cual supone el triunfo de éste sobre la poesía en chino, así como del tanka, la forma poética que imperará en los próximos siglos, con estructura de dos estrofas, la primera de tres versos de 5-7-5 sílabas, y la segunda de dos versos de 7-7 sílabas, sumando un total de treinta y una sílabas.

preludio-danza-noh-shoen
Preludio de danza Noh, U. Shoen


Tras un no verte
y tras un no ocultarte
pasaré largos días,
¡oh, amor recién hallado,
entre angustias y anhelos!

Ariwara no Narihira (825-880)
Kokinshuu)


En el camino
se dobla solitario
un sauce marchito
que al llegar la primavera
añora, añora el pasado.

Sugawara no Michizane
Kokinshuu



   Conforme fueron avanzando los siglos y la cultura se fue extendiendo más allá de las fronteras de la corte, surgieron nuevas formas poéticas y temas (satíricos, humorísticos) como el renga, composición de versos encadenados en la que varios poetas se reunían e iban componiendo una estrofa cada uno e hilvanándolas hasta conformar el poema, o, posteriormente, el famoso y minimalista haiku, al cual dedicaré una entrada en exclusiva.

Un gran poema
de primavera, pero
su autor se ignora.

Masaoka Shiki (1867-1902)



   La poesía es el arte más representativo del carácter y la identidad nacional de Japón y ha desempeñado en este país el papel que la filosofía y la ética han ejercido en Occidente. En la actualidad, el tanka y el haiku siguen muy vivos y son practicados por miles de japoneses, tanto poetas consagrados como aficionados al arte único del waka.

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Pintura de templo sintoísta, Gihachiro Okuyama







jueves, 21 de marzo de 2013

No eres Tú


¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!



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Stmo. Cristo de la Buena Muerte (Mena), Málaga
   Lo dijo Antonio Machado, con una sensibilidad y sencillez únicamente calificables como magistrales: él no quería al Jesús clavado en la cruz, muerto o agonizando; él quería cantarle y celebrar al Jesús vivo, el que obraba milagros, consistentes en ayudar a unas gentes cuando nadie más se molestaba en hacerlo y lo más que merecían era el desprecio y el rechazo de los afortunados que se encontraban en una situación más venturosa que ellos. Exactamente igual que ocurre ahora. Miles de años de historia y nada ha cambiado...

   ¿Qué sentido tiene adorar, que no venerar o admirar, a una talla de madera, hasta el punto de discutir acerca de cuál es el mejor Cristo o Virgen empleando argumentos propios de un debate futbolístico, como si de dirimir si es mejor el Madrid o el Barça se tratara?¿Qué sentido hay en el circo de organizaciones que se hacen llamar hermandades y cofradías y que únicamente compiten entre ellas por alzarse coronadas como las más fastuosas y ostentosas? Ni más ni menos que el sentido que posee el hecho de que cientos de personas contribuyan a su sostenimiento pagando cuotas periódicas, túnicas, capirotes, puesto en la procesión, “donativos” y un inacabable etcétera. ¿Motivos de fe? Sí, de fe en el ego que genera la buena aceptación social de participar de esta fanfarria. Tengo amigos muy cofrades que me responderían alegando que estas instituciones realizan labores sociales y obras de caridad, mas considero que en ningún caso son comparables al despilfarro que sobre sí mismas vierten.



¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras…


   Y sillas para disfrutar sentado de esta fiesta –a un precio muy alejado de ser simbólico-. Porque es una fiesta, y en ella participan no sólo gentes de Andalucía, sino de toda España y de todo el mundo. Semejante carrusel ha de estar a la altura de las expectativas de tamaño público, por lo que no se escatima en gastos a la hora de derrochar en tronos bañados de oro, bordados de lujo, montones de flores, bandas de música y actores en muy estimada colaboración especial, como son legionarios, paracas y demás nobles Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado, llevando a cabo excelsa demostración de su habilidad para hacer juegos malabares con sus armas.


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Nuestro Padre Jesús Cautivo, Málaga
¡Cantar de la tierra mía
que echa flores
al Jesús de la agonía
y es la fe de mis mayores!


   Es innegable el valor histórico, artístico y cultural que tiene la Semana Santa, pero creo, muy a mi pesar, que su valor religioso -su valor original y fundamental- se ha extinguido. “La fe de mis mayores” ha sido sustituida por la ambición de mis no tan mayores y la hipocresía de mis congéneres. La visita a los enfermos del Hospital Civil de Nuestro Padre Jesús Cautivo pierde crédito al comprobar la desagradable e impropia algarabía que se forma en la cola de promesa que acompaña al ‘Señor de Málaga’, un espectáculo totalmente desvirtuado de su sentido originario. Ir de promesa acompañando a una imagen religiosa supone el compromiso de cumplir con una penitencia o motivación personal e intrínseca; hacerlo para ser visto por conocidos y allegados, y saludar y reír como si en un bar se estuviera, creo que está totalmente fuera de lugar. Es sólo un ejemplo de tantos que podría enumerar, como el ominoso trono de la Virgen de la Esperanza, un auténtico galeón recubierto de joyas, o el jolgorio con aroma de feria que provoca el paso de la Virgen del Rocío, ‘la Novia de Málaga’. Sobre este último caso, tengo que decir que, como hermano de esta cofradía -si bien sólo participo en la procesión- me afecta especialmente el frenesí al que aludo. ¿Mis motivos para ser parte “en la fiesta”? No los sé, tal vez el pensamiento de no participar en la fiesta sino cumplir con una obligación interna; quizás la veneración a esa talla de madera –nunca adoración-; o puede que un sentimiento más profundo y una fe la cual no consigo llegar a comprender.

   No puedo ni quiero cantar al Jesús del madero… ni al de madera. Éste es recuerdo del sacrificio que hizo por la humanidad, pero también lo es de que la humanidad le mató. Si hemos cambiado algo, si hemos mejorado algo, celebremos su vida. Con un gran poema de Machado, una estupenda marcha de Semana Santa y la conmovedora interpretación de Joan Manuel Serrat.


Pedro M. Cepedal Flores

La Saeta, por J.M. Serrat






lunes, 11 de marzo de 2013

Nuevo espacio para 'Versos en la Ensoñación'

   
   Hasta la fecha, mi actividad principal en este espacio ha sido, al margen de realizar algunas reseñas de novelas y poemas de otros autores, dar a conocer los poemas de mi obra 'Versos en la Ensoñación'. Este poemario constituye mi ópera prima como poeta, ya que, si bien había escrito muchos poemas antes, no es hasta el mismo cuando he logrado conformar un poemario con identidad propia y unidad.

caminante-mar-nubes-friedrich
El caminante sobre el mar de nubes, C.D. Friedrich
   A pesar de ello, mis inquietudes e intereses poéticos actuales se mueven por otros derroteros de estilos y temas, que serán los que El Trovador Errante cantará próximamente. Por ello, y aunque tengo pensado mostrar aquí un par de poemas más de esta obra, he decidido crear un espacio aparte en el que mostrar el poemario completo, en toda su extensión. Es un espacio estático, un atril en el que está expuesta la obra para poder ser leída, en forma original y sin comentarios. En sus páginas he dejado enlaces a las entradas correspondientes de este espacio, en las que suele haber comentarios de los poemas. A continuación, dejo puesto el enlace por si os apetece visitarlo. Vuestras visitas y comentarios críticos  de los poemas serán francamente bien recibidos y agradecidos.


   Aprovecho también para anunciar que voy a tomarme un pequeño descanso en mi actividad bloguera, intensa durante estos primeros meses, a fin de desconectar la mente y organizar el que será el rumbo de El Trovador Errante en los próximos tiempos.

   Para finalizar, tan sólo me queda agradeceros a todos vosotros (lectores, seguidores y comentaristas) el apoyo recibido y la buena acogida de este lugar de la red en el que dejo grabada una parte de mi ser.

   Gracias a todos.

jueves, 7 de marzo de 2013

Cantar del Cisne


“El cisne es blanco, sin ninguna mancha, y canta dulcemente antes de morir; ese canto pone fin a su vida”
 Leonardo da Vinci.


cisne-olbinski
Cisne, por Rafal Olbinski
   El cisne no canta, ni siquiera en las vecindades de su muerte. Pero ésta es una realidad que, como poeta y amante de la fantasía y del imaginario popular, prefiero obviar: este ánade se rodea de un aura, un halo de elegante misticismo que me fascina. Lo asocio al destino: indolente, caprichoso, indiferente a la suerte del resto de la existencia. Es coqueto, y se le puede rogar el favor de su gracia mediante la adulación, al igual que al destino se le puede implorar la buena fortuna a través de supersticiones, ritos, supercherías y demás prácticas de fe en el devenir.

   ‘Cantar del Cisne’ nació próximo a estas fechas de marzo, un año atrás, y es el primero de los “versos soñados”, a los que originalmente iba a bautizar como ‘Cantar del Cisne y otros versos en la ensoñación’ y que quedaron finalmente rubricados simplemente con el título ya conocido de ‘Versos en la Ensoñación’. Reflejando lo expuesto justo arriba, es un canto de adulación y ruego a esa fortuna esquiva que simboliza el cisne y que sólo él tiene el don de conceder. Nuevamente, encuentro en Olbinski la materialización pictórica perfecta para ilustrar este poema.

   Espero que lo disfrutéis.


CANTAR DEL CISNE

Cisne que en blanco vuelo
surcas aires de un pestañeo,
suspiro de bella dama
que anhela a su caballero.

¡Vuelve pronto, cisne!
Ella te aguarda…

Cisne que de etéreo sueño
guardas lagos que son cielos,
zafiros de un camafeo,
aliento en la batalla.

¡No me dejes, cisne!
No te vayas…

Cisne místico que cantas
en la niebla de las aguas,
impasible al sufrimiento,
y el don para ti guardas.

¡Sé gentil, cisne!
Dales tu gracia…

Nenúfar es tu flor;
rocío, la fragancia;
espejo de candor,
bandera de elegancia.

¡Nada, cisne, nada!
Estela de un amor.
¡Vuela, cisne, alza!
Alas de esperanza.


1. Cantar del Cisne
Versos en la Ensoñación
Pedro M. Cepedal Flores


lunes, 4 de marzo de 2013

¿Qué tiene Diana?

La Diosa virgen está celosa, ¿qué tiene la Diosa? Sus perros de caza lloran: un hombre existe que no la adora...

¿QUÉ TIENE DIANA?

De mi encuentro con la Diosa.


nuit-mucha
'La Nuit (La Noche)', A. Mucha


 Perdido me hallaba
yo por el bosque;
la luna pintaba
claro en la noche.

Allí me asomé,
y allí lloraba:
¡cuán me asombré
de ver a Diana!

“¿Qué tiene Diana?”,
me pregunté.
Ella me vio,
no dijo nada.

Anonadado,
me dejó verla;
bien quería ella
que preguntara:

¿Qué tienes, Diana,
por qué no juegas,
por qué no cazas
con arco y flechas?

¿Por qué no andas
con lobos y vientos,
nuda, en volandas
matando ciervos?



luna-mucha
'La Luna', A. Mucha


¿Qué tienes, Diana,
por qué no cantas?
¿Acaso un hombre
hay que no te ama?

Si eres gran Diosa,
si eres hermosa,
¿acaso pasa
que estás celosa

de aquella moza,
aún más hermosa,
que tu halo empaña?
¡Contesta, Diana!

De ser superada
no te avergüences,
si hasta los hielos
ante ella enrojecen.

¡No llores, Diana!
No estropees tu faz,
no quieras por pena
más terreno dar.

¡Oh vamos, Diana!
Corriendo desnuda:
eres la segunda…
¡Ella es quien te gana!




8. ¿Qué tiene Diana?
Versos en la Ensoñación
Pedro M. Cepedal Flores