lunes, 25 de marzo de 2013

El Pájaro y la Flor



“Ni todo es ‘haiku’ en la poesía de Japón, ni todo es Murakami o Mishima en su prosa”


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'El pájaro y la flor: mil quinientos años
 de poesía clásica japonesa'
(Alianza Editorial)
   Con esta contundente aclaración abre el profesor Carlos Rubio la introducción a su antología ‘El pájaro y la flor: mil quinientos años de poesía clásica japonesa’ (Alianza Editorial), una auténtica maravilla de trabajo que nos sumerge en las profundidades del sentimiento y del pensar de los grandes poetas japoneses que a lo largo de más de quince siglos han ido conformando el arte de una poesía singular en el mundo. Es mi intención, a lo largo de las próximas entradas –siguiendo ‘El pájaro y la flor’ a modo de guía-, ofrecer una breve muestra de lo que es esta poesía. En esta primera entrega, creo apropiado repasar sucintamente la evolución de la poesía japonesa a lo largo del tiempo y analizar cuáles son sus formas poéticas principales, dejando para las siguientes entradas al análisis de cuáles son los elementos característicos de la poesía japonesa y cómo se ha de entender la misma.

   Resulta curioso cómo las compilaciones o antologías poéticas son las encargadas de marcar el devenir y la tendencia en la poesía para los siglos siguientes, por lo que sirven de ficticio biombo que separa los períodos de la poesía japonesa, el waka –literalmente “poesía o canción en japonés”-, hecho insólito en la poesía de otros lugares.

   El waka nació en los albores de la cultura japonesa, allá por el siglo V de nuestra era; ofrecía una variedad de temas, estilos y formas poéticas que desaparecería en períodos posteriores. Muchos poemas de esta época se recogieron en el ‘Kojiki’ (finales del s.VII) y el ‘Manyooshuu’ (finales del s.VIII).


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Paisaje, Sesshu Toyo
¡Ah, mi Yamato!
Tus montes en cadena,
cuales verdes vallas,
te guardan como a un nido.
¡Yamato hermoso!

Anónimo
Kojiki


Tan invisible
como el lirio estrellado
entre altas hierbas
así es este amor mío
que él ignora y yo sufro.

La dama Otomo no Sakanoue (700-750)
Manyooshuu


   La influencia del kanshi o poesía en chino oprimió y marginó la extensión del waka durante mucho tiempo. Al ser el kanshi un arte reservado a los hombres, fueron las mujeres cortesanas, analfabetas, quienes idearon un lenguaje propio de sencillos fonogramas (kana) simplificando los complejos ideogramas chinos (kanji) y desarrollaron la poesía en su lengua autóctona hasta que, a comienzos del s.X, se publica el ‘Kokinshuu’ compilación de mil ciento once poemas en waka encargada por orden imperial, la cual supone el triunfo de éste sobre la poesía en chino, así como del tanka, la forma poética que imperará en los próximos siglos, con estructura de dos estrofas, la primera de tres versos de 5-7-5 sílabas, y la segunda de dos versos de 7-7 sílabas, sumando un total de treinta y una sílabas.

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Preludio de danza Noh, U. Shoen


Tras un no verte
y tras un no ocultarte
pasaré largos días,
¡oh, amor recién hallado,
entre angustias y anhelos!

Ariwara no Narihira (825-880)
Kokinshuu)


En el camino
se dobla solitario
un sauce marchito
que al llegar la primavera
añora, añora el pasado.

Sugawara no Michizane
Kokinshuu



   Conforme fueron avanzando los siglos y la cultura se fue extendiendo más allá de las fronteras de la corte, surgieron nuevas formas poéticas y temas (satíricos, humorísticos) como el renga, composición de versos encadenados en la que varios poetas se reunían e iban componiendo una estrofa cada uno e hilvanándolas hasta conformar el poema, o, posteriormente, el famoso y minimalista haiku, al cual dedicaré una entrada en exclusiva.

Un gran poema
de primavera, pero
su autor se ignora.

Masaoka Shiki (1867-1902)



   La poesía es el arte más representativo del carácter y la identidad nacional de Japón y ha desempeñado en este país el papel que la filosofía y la ética han ejercido en Occidente. En la actualidad, el tanka y el haiku siguen muy vivos y son practicados por miles de japoneses, tanto poetas consagrados como aficionados al arte único del waka.

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Pintura de templo sintoísta, Gihachiro Okuyama







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