miércoles, 1 de mayo de 2013

El Yugo y la Yunta



Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.



   Este primero de Mayo, en el que se celebra el Día del Trabajo, me resulta el día apropiado para dar comienzo en El Trovador Errante una serie de entradas dedicadas a la obra y figura de Miguel Hernández, Poeta, que se extenderán a lo largo del mes de las flores. Y apropiado es también comenzar la misma con ‘El Niño Yuntero’, publicado por vez primera en el semanario Ayuda, en 1937, unos meses antes de aparecer incluido en el libro Viento del Pueblo, de septiembre del mismo año.


Empieza a vivir, y empieza
a morir de punta a punta
levantando la corteza
de su madre con la yunta.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.


   ¡Cuánto han cambiado los tiempos en poco más de setenta años! De la situación precaria actual, rozando la miseria a causa de no haber trabajo, a la miseria más cruda y sincera del trabajo de aquel entonces. Cargado de fatigas, dolor y hambre, una realidad que hiere sólo de recordarla –aunque en otras partes del mundo no sea preciso recordar y baste simplemente con mirar-, como hería a Miguel Hernández, en aquellos momentos de miedo, penurias y sinsentidos que se vivieron durante los años de la Guerra Civil española, al contemplar toda esta desazón cebarse en la carne de los más débiles, los niños. Pues él también fue niño campesino y su alma siempre fue de la tierra, y no pudo evitar descargar toda su emoción en esta composición plenamente sincera y pasional, en la que describe el monótono cumplimiento de la pena más dura de la vida de los campos por un niño que ha nacido para ello, que se siente parte de la tierra y que no se resiste, salvo en su mirada, a ser sometido por el yugo de su sino.



Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Lo veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con los ojos
que por qué es carne de yugo.


   A lo largo de las quince estrofas de cuatro versos octosílabos que conforman el poema, utiliza el poeta oriolano un lenguaje directo y una metáfora clara, como es el sello característico de Viento del Pueblo, alejándose de sus anteriores composiciones, para dar a conocer la situación de estos niños y el sentimiento profundo que le despiertan, lanzando finalmente una pregunta acerca de la salvación de los mismos, a la que él mismo responde.


¿Quién salvará este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.


   ‘El Niño Yuntero’ es, probablemente, el poema más conocido y trascendente de Viento del Pueblo y, como tal, ha sufrido las críticas que tachan a esta obra de excesivamente exaltada, interesada políticamente y de no poseer muy alta calidad poética. En mi opinión, es un poema que exalta, pero no una convicción ideológica o un interés político, sino una convicción por encima de todo ello. Una desnuda y pura convicción humana.


A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio,
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.


(NOTA: los poemas completos de Miguel Hernández serán añadidos próximamente a la sección 'Célebres Poemas')

6 comentarios:

  1. ¡Qué entrada más interesante, Pedro! Todo un homenaje al día de los trabajadores y en especial a estos niños yunteros que hoy tienen su reflejo en mucha otra gente desprotegida.

    Me ha encantado. Un saludo y disfruta de la tarde.

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    1. Gracias por tus palabras, me alegra que te haya gustado tanto. Es interesante eso que dices de que aquellos niños tienen su reflejo en tanta gente desamparada en la actualidad.

      Todo el mes de mayo estará dedicado a la obra de Miguel Hernández, probablemente el poeta que más me apasiona, así que espero estar a la altura con unas entradas de calidad.

      ¡Un saludo!

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  2. Estoy de acuerdo con usted en que ese lamento desesperado no es interés político ni convicción ideológica. En cualquier caso, no me gusta que se descalifique a un poeta según qué ideología demuestre. Al final cada uno solo ensalza a aquellos que sabe que compartieron sus propias ideas, y eso flaco favor hace a la poesía, que ha de estar siempre por encima de tales criterios.

    Estos poemas cobran vigencia hoy. Tal vez la tecnología ha avanzado. Tal vez los niños ya no son yunteros, pero vuelve a haber muchos chiquillos menores que un grano de avena a los que hay que salvar.

    Feliz fin de semana

    Bisous

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    1. Sabias palabras, Madame. Hay poemas que mantienen su frescura siempre, que son los que versan de la condición humana, mientras que otros van quedando desfasados. Esa es una de las críticas que recibe Viento del Pueblo pero, como veremos en la próxima entrada, no estoy totalmente de acuerdo.

      ¡Feliz tarde!

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  3. Parece que no salió el comentario que hice ayer. Bueno, pues más o menos decía que este poema mantiene su total vigencia en un mundo caracterizado por la explotación infantil, con la connivencia del primer mundo, en lugares como la India o Bangla Desh. La miseria hace que florezcan muchos "niños yunteros".
    Un saludo.

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    1. No salió ningún comentario tuyo, Cayetano, lo siento; a mí Blogger me da muchos problemas últimamente.

      Tienes toda la razón, también en México emplean a los niños en el campo como antiguamente.

      ¡Un saludo!

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