domingo, 12 de mayo de 2013

Eterno Rayo


“Todos los amigos de la “poesía pura” deben buscar y leer estos poemas vivos. Tienen su empaque quevedesco, es verdad, su herencia castiza. Pero la áspera belleza tremenda de su corazón arraigado rompe el paquete y se desborda como elemental naturaleza desnuda. Esto es lo excepcional poético”.
Juan Ramón Jiménez.


   Publicado a comienzos de 1936 y escrito entre 1934 y 1935, ‘El rayo que no cesa’ es el segundo libro de poesía que publicó Miguel Hernández, y el que le encumbró a la fama como poeta.


Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino
que mancha con su lengua cuanto lame.

Soy un triste instrumento del camino.
Soy una lengua dulcemente infame
a los pies que idolatro desplegada.

rayonocesa-miguelhernandez
(Del 'Poema 15')



   Consta de treintaiún poemas (veintisiete sonetos, dos elegías y otros dos poemas) de temática predominantemente amorosa. El amor lo envuelve todo: el poeta utiliza el soneto como un marco, un cajón en el que contener todo un despliegue de sentimiento amoroso impreso en una depuradísima poesía, de amplio colorido y riqueza sensorial, en la que son palpables tanto las reminiscencias de los clásicos como la influencia del surrealismo y la poesía impura de Vicente Aleixandre y Pablo Neruda, sus dos grandes amigos.


Ya es corazón mi lengua lenta y larga,
mi corazón y es lengua larga y lenta...
¿Quieres contar sus penas? Anda y cuenta
los dulces granos de la arena amarga.

(Del 'Poema 13')


   Pero el amor que siente y exalta Miguel Hernández no es un amor platónico, idealizado, sino un amor real, un amor que duele. El amor como envoltorio, el dolor como camino y el presentimiento de un destino trágico como meta son la materia prima de estos poemas en los que, a la sombra del amor, crecen la soledad, la agonía y el desconsuelo.


Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.

No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

(Poema 6)


   Dicen que tres mujeres son las destinatarias de la totalidad de los poemas: María Cegarra (intelectual, química y poetisa), Maruja Mallo (pintora y artista) y Josefina Manresa, su novia de Orihuela y, a la postre, esposa. A esta última le son dedicados solamente tres sonetos, destacando especialmente uno en el cual el poeta le recrimina a su novia el pudor extremo de ésta, como si de una monja se tratara, el cual la llevó a darle una bofetada cuando él trataba de darle un beso en la mejilla. Y, precisamente, a esta acción achacaría Josefina la ruptura de la relación durante la segunda mitad de 1935, antes de que, a comienzos de 1936, Miguel escribiera para retomarla.


josefina-manresa-hernandez
Josefina Manresa
 Te me mueres de casta y de sencilla:
estoy convicto, amor, estoy confeso
de que, raptor intrépido de un beso,
yo te libé la flor de la mejilla.

Yo te libé la flor de la mejilla,
y desde aquella gloria, aquel suceso,
tu mejilla, de escrúpulo y de peso,
se te cae deshojada y amarilla.

El fantasma del beso delincuente
el pómulo te tiene perseguido,
cada vez más patente, negro y grande.

Y sin dormir estás, celosamente,
vigilando mi boca ¡con qué cuido!
para que no se vicie y se desmande.

(Poema 11)


   Maruja Mallo es la mujer a la que está dedicada la práctica totalidad de los poemas de ‘El rayo que no cesa’. Fue con ella con quien Miguel Hernández conoció el amor completo, el amor carnal, durante una aventura amorosa que duraría varios meses de 1935, antes de que ella, mujer liberada e independiente –paradigma de la mujer republicana de la época- decidiese poner fin a sus relaciones amorosas, perdurando, no obstante, una sincera amistad entre ambos. La artista inspiraría los poemas más sugerentes, eróticos y geniales de este libro.


Maruja Mallo
Por tu pie, la blancura más bailable,
donde cesa en diez partes tu hermosura,
una paloma sube a tu cintura,
baja a la tierra un nardo interminable.

Con tu pie vas poniendo lo admirable
del nácar en ridícula estrechura,
y donde va tu pie va la blancura,
perro sembrado de jazmín calzable.

A tu pie, tan espuma como playa,
arena y mar me arrimo y desarrimo
y al redil de su planta entrar procuro.

Entro y dejo que el alma se me vaya
por la voz amorosa del racimo:
pisa mi corazón que ya es maduro.

(Poema 8)


   No hemos de tener miedo a equivocarnos si afirmamos que ‘El rayo que no cesa’ es una obra poética de calidad excepcional, en la cual se hallan algunas de las composiciones más célebres no sólo de Miguel Hernández, sino de toda la poesía contemporánea en lengua castellana del s. XX.


Una querencia tengo por tu acento
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.
                                       
Paciencia necesita mi tormento,
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.

¡Ay querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.

Quiero que vengas, flor, desde tu ausencia.
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.

(Poema 12)


(NOTA: los poemas completos de Miguel Hernández serán añadidos próximamente a la sección 'Célebres Poemas')

4 comentarios:

  1. Monsieur, qué suerte ser amada por un poeta. No hay joya comparable al regalo de unos versos como los que usted nos muestra. Desde luego que la obra es de una calidad excepcional.

    Buenas noches

    Bisous

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sin duda es de calidad, yo no sé qué tiene la poesía de Hernández que me hace vibrar el alma de una manera especial, como no lo hace ninguna otra, y eso que hay muchos grandes poetas que me apasionan.

      Gracias por su visita, Madame.

      Eliminar
  2. Desconocía los amores de Miguel Hernández con Maruja Mallo, aunque no me sorprende, porque era mujer a la que le encantaban los poetas.

    Me ha encantado la selección que has hecho, Pedro. Excelente, como siempre.

    Disfruta de la tarde y suerte con tus exámenes. Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y yo desconocía que sintiera predilección por los poetas, no conocía mucho de Maruja salvo en lo relacionado con Miguel, aunque he estado viendo algunas de sus obras.

      ¡Gracias por el comentario!

      Eliminar