domingo, 5 de mayo de 2013

Viento del Pueblo



“Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas”.

Original de 'Viento de Pueblo'
(Ediciones Socorro Rojo,
septiembre de 1937)

   En esta hermosa y sincera sentencia de Miguel Hernández, contenida en la dedicatoria de su libro a su amigo Vicente Aleixandre, puede apreciarse, limpia y desnuda, la esencia de ‘Viento del Pueblo’, una obra vibrante y apasionada aparecida en septiembre de 1937, en plena ebullición de la Guerra Civil española, que refleja el sentir del poeta de Orihuela por la parte más sufridora de la contienda, de la que él se sentía plenamente uno más: el pueblo.

   ‘Viento del Pueblo’ rompe con las reminiscencias clasicistas y culteranas que, si bien no tan fuertes como en ‘Perito en Lunas’, aún impregnaban estéticamente ‘El Rayo que no cesa’, la obra que lo precedía, para dar rienda suelta a una nueva voz, la que hasta entonces había estado buscando, una voz en la que se reconociesen el poeta y su pueblo, una voz de conciencia colectiva.


Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos
y empuño rabiosamente
la mano del corazón
y el alma que lo mantiene.

Que mi voz suba a los montes
y baje a la tierra y truene,
eso pide mi garganta
desde ahora y desde siempre.

(De 'Sentado sobre los muertos')


   Es ésta una obra de continua exaltación; el poeta, fiel a sus convicciones, se lanza sin reparos a defender, con su fusil y su poesía como armas, a su pueblo. Es su primer libro de la denominada “poesía de guerra” –al que seguiría ‘El hombre acecha’, un año más tarde-, cuyos poemas fueron escritos en las trincheras, entre el estruendo de las balas y la sangre de los caídos. Cánticos de exaltación y arengas de ánimo y motivación a los suyos para continuar la lucha, la resistencia por sus ideales y por su tierra conforman el grueso del poemario, una obra pensada y escrita para ser leída, entendida y adoptada por el pueblo como cántico de fuerza en la batalla: el pueblo, simbolizado en la tierra; el enemigo, en las fieras que pretenden arrebatarla.


Carnet del P. Comunista de Miguel Hernández, enrolado en el 5º Regimiento.
¿Dónde iréis que no vayáis
a la muerte, liebres pálidas,
podencos de poca fe
y de demasiadas patas?
¿No os avergúenza mirar
en tanto lugar de España
a tanta mujer serena
bajo tantas amenazas?
Un tiro por cada diente
vuestra existencia reclama,
cobardes de piel cobarde
y de corazón de caña.

(De 'Los Cobardes')


Buitrago ha sido testigo
de la condición de rayo
de las hazañas que callo
y de la mano que digo.
¡Bien conoció el enemigo
la mano de esta doncella,
que hoy no es mano porque de ella,
que ni un solo dedo agita,
se prendó la dinamita
y la convirtió en estrella!

(De 'Rosario, Dinamitera')


   Pero hay en la obra, además de estos poemas de exaltación, poemas de tono más serenos que consiguen incidir con mayor profundidad en los sentimientos y pesares del poeta acerca de algunas cuestiones sociales, como es el caso de ‘El Niño Yuntero’ –al cual le dediqué la entrada anterior-; destacan, por otra parte, las elegías a Pablo de la Torriente y a Federico García Lorca, a quien le dedicó, a pesar de sus desencuentros y desplantes por parte del genio granadino, así como por algunas ofensas hacia éste del de Orihuela, un sentido y hermoso homenaje.

Pablo de la Torriente
Federico García Lorca

Muere un poeta y la creación se siente
herida y moribunda en las entrañas.
Un cósmico temblor de escalofríos
mueve temiblemente las montañas,
un resplandor de muerte la matriz de los ríos.

(De 'Elegía primera: a Federico García Lorca')



‘Viento del Pueblo’ ha sido objeto de valoraciones y críticas muy diversas, desde las que alaban su pasión, hondo sentimiento y conexión con el sufrimiento del poeta, hasta las que lo tildan de mera propaganda política, de ser un libro heterogéneo, sin estructura alguna y de escasa calidad poética.


Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
pregunta mi alma: ¿de quién,
de quién son estos olivos?

Árboles que vuestro afán
consagró al centro del día
eran principio de un pan
que sólo el otro comía.

¡Cuántos siglos de aceituna,
los pies y las manos presos,
sol a sol y luna a luna,
pesan sobre vuestros huesos!

(De 'Los Aceituneros')


   En mi personal y modesta opinión, he de rebatir esas críticas, ya que la falta de estructura es debida a que los poemas que conforman el libro son una recopilación de aquellos que escribió Hernández durante los primeros meses de la guerra. El sufrimiento por su pueblo es el hilo conductor de toda la obra; la voz del poeta, lejos de cualquier artificio, suena clara, directa al corazón humano de todos aquellos apaleados, diezmados y esquilmados por la guerra, lo que no está reñido con el empleo de acertadas metáforas e imágenes muy variadas. ‘Viento del Pueblo’ ha supuesto para mí una luz en la manera de entender cómo la poesía puede calar en los rincones más esquivos del ser humano. Creo que estos tiempos que vivimos de crisis, miseria a medias, frivolidad y consumismo artificial están necesitados de la voz de la poesía, y es deber de los poetas el conseguir hacerla llegar a la gente, a nuestra gente, a nuestro pueblo.


Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Tus piernas implacables al parto van derecho,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

(De 'Canción del esposo soldado')


(NOTA: los poemas completos de Miguel Hernández serán añadidos próximamente a la sección 'Célebres Poemas')

4 comentarios:

  1. Buenas tardes, Pedro:

    Nos está gustando mucho en general este ciclo que le dedicas a Miguel Hernández. Cuánto profesor de secundaria ha fracasado en mostrar a este gran poeta sin su contexto.

    Felicidades por esta entrada. Es estupenda.

    Que pases una buena tarde. Un saludo.

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    1. Me halaga el comentario, pero ya quisiera tener yo los conocimientos de un buen profesor de literatura, yo tan sólo hablo desde mi humilde visión de apasionado de la literatura. No obstante, sí que puedo decir que sobre Miguel Hernández en concreto apenas si se hacen referencias en el Bachiller, en mi colegio en su día creo que sólo mencionaron el nombre.

      Un saludo y gracias por comentar.

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  2. Hola Pedro, solo una ligera mirada a tu blog y ya me ha enganchado, lástima que tenga poco tiempo libre (El trabajo, los niños y las abuelas) se llevan mi poco tiempo de relax. Me encanta esta entrada que has puesto y algo que he visto de otras. ¡¡TE FELICITO!! SON MUY BUENAS!! Poco a poco las iré leyendo todas.
    Un cordial saludo.

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    1. Muchas gracias por tus palabras y disculpa el retraso en la respuesta, he estado unos días desconectado. Es un placer tenerte por aquí, me alegra que te guste.

      ¡Bienvenida!

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