sábado, 28 de septiembre de 2013

La Yerba y La Piedra


   Comienza el otoño, pero aún hace calor. Más del que he sentido por unos días este verano, en un lugar donde la temperatura, al igual que el tiempo, permanecen en un estado inmutable. Allí los días pasan monótonos, de la misma manera uno tras otro, envueltos entre las colinas de verdes praderas que se dibujan sobre la eterna niebla matinal del río.

   Sosiego. Serenidad. Paz. Paz es la palabra. Paz y equilibrio en la mente, en el cuerpo y en el espíritu. Paz entre el frescor permanente, tan sólo quebrantada por un único anhelo de calor. Un anhelo que, como el ancla de un destartalado navío, me ata a la realidad y me separa del olvido, de consumirme en la paz de esa niebla tentadora, de aquel valle del recuerdo.

   En tales circunstancias, la poesía que ha servido en mí de cadena para el ancla, ha nacido en forma de 'Waka' (poesía clásica de Japón), tanto en estilo 'tanka' (cinco versos de 5-7-5-7-7 sílabas), como en su versión reducida, 'haikai' (tres versos de 5-7-5 sílabas). Los poemas que a continuación doy a conocer forman parte de un cuaderno que, aún sin terminar, he bautizado como 'La Yerba y la Piedra', título que mejor describe la esencia de su temática.


POEMAS EN WAKA ('LA YERBA Y LA PIEDRA')


I

Rey del silencio…
¡No quiero ser vasallo
del gran ciprés!


II

Luce robusto,
carcomido por dentro,
el viejo armario.


III

Un triste sauce,
la tierra del olvido
no logra amar.


IV

Tus claros ojos
me miran desde el agua
del Nalón bravo.
¡Ah, qué hermoso es oír
en su arrullo tu voz!


V

Polvo anhelante
tras persianas echadas,
frío verano.
¡Suspiran los recuerdos
de aquel cálido otoño!


VI

En el silencio,
la niebla de este valle
me ofrece paz.
Sólo un sol hay que anhelo…
y arde en cielos remotos.


VII

La madurez
envidia a su gemela,
la vanidad:
los reversos de una hoja
dorada que cayó.


Poemas en Waka
La Yerba y la Piedra
Pedro M. Cepedal Flores