jueves, 7 de noviembre de 2013

Alegrías


   Me encuentro muy lejos –a años luz, más bien- de ser un entendido en Flamenco, y ni siquiera puedo llamarme un aficionado de categoría, pero lo que resulta innegable es que me gusta mucho; que me atrapa, lo disfruto y lo siento, pues me he empapado de él desde pequeño, por ser parte de la misma tierra que me vio nacer y en la que vivo. Por ello, y porque considero que la música y la poesía son hermanas gemelas, desde mis modestos conocimientos, me dispongo a dar comienzo una serie de entradas que versarán sobre el flamenco -como cante, música y expresión artística- y su relación con la poesía.



Que ya no la llaman Cái,
que la llaman Relicario,
porque por Patrona tiene
a la Virgen del Rosario.

   Y quiero empezar con uno de los cantes que más hondo llegan a mi ser y más inspiradores y gratos me resultan. Me refiero a las Alegrías. Pertenecientes a la familia de la Soleá, son el cante más característico y definitorio de la ciudad de Cádiz (o Cái, como se la llama en los cantes) y los puertos y pueblos de su alrededor. Deriva de las Cantiñas (también típicas de la provincia gaditana) y tiene su origen en la Jota aragonesa, la cual le aporta su estructura y tonalidad y tiene  influencia en algunas letras que aluden a la Virgen del Pilar y a la resistencia ante los franceses en la Guerra de la Independencia.

Nuestra Señora del Pilar, Zaragoza


Y por apellido Rosa,
María sé que te llamas.
¡Vale más tu dulce nombre
que el Pilar de Zaragoza!

Qué bien te pega la gorra,
navarrico, navarrico.
¿De qué regimiento eres?
De Navarra soy, Señora.



   Las Alegrías se cantan en una tonalidad mayor, y su compás es idéntico al de la Soleá, si bien su ritmo es más alegre, quedando a medio camino entre ésta y las Bulerías. Uno de sus rasgos más distintivos es la introducción en forma del famoso “Tirititrán, trán, trán” –que puede apreciarse perfectamente en el vídeo, más adelante-. Tienen un carácter festero y de baile, y como tal, las letras suelen ser joviales, amorosas o festivas, aunque en ocasiones adquieren carices más profundos.

   Su estructura consiste habitualmente (carecen de una rigidez estricta) en una sucesiva alternancia en el cante de estrofas en forma de copla (cuartetas octosilábicas en las que se repite el primer verso después del segundo) y juguetillos (normalmente seguidillas que alternan versos de siete y cinco sílabas) para cerrarlas, iniciándose con la introducción ya mencionada en forma de 'Tirititrán’ (también pueden ser ‘lereles’ o ‘ayes’) y rematándose el cante con una estrofa en tono aún mayor y un juguetillo muy rítmico.

Copla:
Está más clara la tarde
cuando pasa la tormenta:
me gusta reñir contigo
porque luego hago las paces.
Juguetillo:
Eres linda y morena:
te llamas Carmen
 y aquí están los papeles
 para casarme.
Que la Licencia de Roma
 ya estaba escrita;
que yo a esta niña quiero
decirle niña.
José Monge Cruz,
Camarón de la Isla


   Un cante, valga la redundancia, alegre y ameno, jovial y agradable, al igual que la tierra a la que representa. A continuación, os ofrezco algunas de las letras que he ido recopilando, mas creo que no hay nada mejor para gozar y conocer las Alegrías como escucharlas. En esta ocasión, en la voz de un jovencísimo y genial Camarón, con Paco Cepero al toque. 

   ¡Espero que lo disfrutéis!




LETRAS POR ALEGRÍAS
(En cursiva, los juguetillos y el cierre, uno de los más utilizados)


A mí me vio de nacer,
¡bendita sea la tierra!
Cien años que yo viviera,
siempre la recordaré.
 Yo pegué un tiro al aire,
cayó en la arena;
confianza en el hombre
no hay quien la tenga.
No hay quien la tengas, prima,
¡no hay quien la tengas!
Yo pegué un tiro al aire,
cayó en la arena.

Le dicen a los de Cái
los gitanitos del Puerto:
¿a cómo vendéis la libra
de la sal que derramáis?
Cuando te vengas conmigo,
¿dónde te voy a llevar?
A darte unos paseítos
por la Muralla Real.
Con la luz del cigarro
yo vi el molino;
se me apagó el cigarro,
perdí el camino.

Yo soy el contrabandista
¡ay, que siempre huyendo va,
cuando salgo con mi jaca
del peñón de Gibraltar!
Si me salen a resguardo,
¡ay! y el alto a mí me dan,
dejo al escape mi jaca
que ya sabe adónde va.
Cuando va andando,
rosas y lirios,
lirios y rosas
va derramando.

Están puestos a balanza
dos corazones a un tiempo:
uno pidiendo justicia
y otro pidiendo venganza.
Voy a los titirimundis,
que yo te pago la entrá,
que si tu mare no quiere,
¡ay, que dirá, que dirá!
Ay, ¿qué tendrá que decir
si yo te quiero y te adoro,
que yo me muero por ti?


Camarón de la Isla y Paco Cepero. Por Alegrías, (1973)